lunes, 5 de mayo de 2014

Reflexión

Qué es, para mí, la buena vida. (Lo de diaria se los dejo a cada uno)


Recuerdo la época que en Jumbo había uno o más puestos de degustación de preparaciones, en la mayoría de los casos publicitando un producto a la venta no demasiado lejos del stand. Un día, ahí, en Jumbo, probé por primera vez en mi vida un champignon. Primero dudé, ¿qué era eso?, medio marrón, olía rico… no tardé mucho más en probarlo y decir “¡Qué rico!, tiene gusto a pollo (?) Quiero más, mamá”. Tal vez fue antes, tal vez después, pero cada vez afirmaba y me convencía de que había que probar todo, que no sabía con qué me podía encontrar y, en el mejor de los casos, me podía llegar a gustar mucho.

La vida es buena cuando sabemos (y ojo, que eso se aprende) a disfrutar, justamente, de los buenos momentos que la componen. Para mí, comer es uno de ellos, quizás el que más me importa, porque si como algo rico, algo que me gusta mucho, hasta puedo tener un buen momento en un día no tan bueno.
Viajar, cuando viajo siento que la vida es buena.
Hace casi un año y medio me fui un mes a Europa. El primer destino fue Roma, y recuerdo que cuando el avión tomó carrera para despegar, sentí una vibración en todo el cuerpo, empecé a pisar intermitentemente el piso del avión cual niña de 7 años al recibir una Barbie,  de la alegría y emoción que sentía. No iba a ser mi primera vez en el viejo continente, pero era una nueva vez, años más tarde, con otra edad, otra cabeza. Despegó y yo seguía sintiendo esa cosita que me atravesaba los huesos, una felicidad inmensa frente a la incertidumbre, inquietante y hermosa,  de un nuevo viaje.

Entonces la buena vida no creo que pase por vivir en un penthouse del Upper East Side, o por tener una casa de fin de semana en la Toscana italiana (aunque no me quejaría si la tuviese, J ) sino que, para mí, pasa por conocernos a nosotros mismos mediante ensayo, errores y aciertos, para saber y poder recurrir y acudir a aquellas cosas, momentos, personas que hagan de nuestra vida una mejor.

No puedo imaginarme la vida sin comer cosas ricas y sin viajar, como alguna vez dije, son el combustible de mi alma. Creo firme y fielmente que el disfrute al degustar un alimento, desde una fruta o verdura, hasta un plato elaborado por horas, o un trago fresco en una noche calurosa,  me hace un mimo del que no podría prescindir porque sentiría que algo me falta. 
Cocinar es un acto maravilloso que hace bastante tiempo forma parte de mi vida y que hace no tanto empecé a profesionalizar.. Suceden muchas cosas alrededor de la cocina, y ¡Qué decir adentro! Se movilizan todos los sentidos, como en los viajes. Se implican las emociones, los buenos y malos humores, las molestias, las risas y a veces los llantos. La música, los olores, colores y sabores. El placer de sentarse a la mesa con el producto final, respirar y degustarlo. Pensar, criticarlo, putearlo, amarlo. Conversar con quienes comparten la mesa… Pf, seguro me olvido de algo.
Es uno de mis actos favoritos, junto con el comer. Esa pausa necesaria. Pausar lo que sea que estemos haciendo para sentarse alrededor de una mesa y dedicarnos a comer lo que tenemos delante. No puede minimizarse algo tan especial.
El comer es un placer, no dejemos que sea un momento ordinario.

Continuará…

2 comentarios:

  1. Muy bien dicho Tatiana, meter los pies debajo de la mesa, en buena compañía siempre debe ser un placer que tenemos que respetar y disfrutar! Un abrazote desde Barcelona cariño.

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  2. Tatu, qué lindo leerte! Qué frescura transmitís y que ganas de probar tus ricas cosas! En Junio, espero comer algo rico sin TACC eh?!!!! Un abrazo y te felicito por esta creativa y profunda inicativa!

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