Último día en París, último día en el Viejo Continente. Mi día de gustos.
Arranqué no muy temprano, pero con uno (y alguno que otro más) objetivo claro: probar caviar en Kaspia (Place de la Madeleine).
Casi ni había desayunado, en el hostel servían croissants enormes, (claramente había que tostarlas para que sean un gol), mantequita y una infusión a elección. Pero este desayuno hostelero tenía un límite de horario y ese día me lo había salteado.
Fue entonces que emprendí mi recorrida por las calles parisinas con varios objetivos culinarios. (También tenía un par de objetivos culturales-artísticos, pero claro, ERA LUNES, y los lunes los museos están cerrados, merde). Sigo. Salí del Metro y me metí en Galleries Lafayette a sufrir un poquitito y a hacerme la paqueta con mi abrigo de piel. Miré muchos zapatos, no me probé ninguno. Recorrí las góndolas del sector gourmet y me babeé con el mega pote de Nutella (entre otras cosas). Compré mi postre, aún sin haber definido mi almuerzo y ya eran casi las 12 del mediodía: un Operá de Dalloyau, es un rectángulo glorioso con varias capas de chocolate y gustito a café y más maravillas altamente palatables.
Decidí irme de Lafayette y almorzar, mi panza hambrienta y mi paladar curioso me pedían a gritos que empiece a satisfacerlos.
Me perdí un poquito, con mi no-tan-malo francés pregunté varias veces cómo llegar a Fauchon y de esa forma sabía que llegaría a Kaspia, que es en frente. Llegué. Entré : "Bonjour" dije con confianza. "Bonjour madame" me respondió amablemente Michel, el vendedor de caviar. La remé un poquito y cambié el chip al inglés, pero Michel no hablaba inglés. De alguna u otra forma logré comunicarle que quería (y estaba dispuesta a pagar) una cucharada de caviar, que era mi regalo de cumpleaños. Entre idas y vueltas ya casi trilingues, entendí o creí entender que no iba a ser posible, que ellos ya no hacían esas degustaciones pagas y que bueno, quedaría para otra ocasión.
Me retiré del local diciéndole que ya volvía (esta vez en español, Michel había vivido 12 años en Colombia), y me mandé un par de mensajes con mi padre contándole brevemente la situación y diciéndole que "todo bien"pero que no iba a pagar 79 euros por 30 gramos de caviar. Fue entonces que me decidí a entrar nuevamente a Kaspia paradise a despedirme de Michel, pero antes de poder decirle algo, este hombre se dio vuelta con una cucharita de nácar rellena de caviar y me dije "Tomá, acá te abrí una latita"....
Fue un momento mágico, estaba probando caviar de Oscietre (el más "barato") por primera vez, sin saber que se aproximaba una segunda vez luego de algunos minutos más de charla cultural con Michel:
"Tomá" me dijo, y otra cucharita de nácar cargada de bolitas perfectas apareció frente a mis ojos.
Fue un comienzo de día más que perfecto en una de las ciudades más hermosas que conozco. Michel <3
Continuará....


